MAMÁ TAMBIÉN NECESITA QUE LA CUIDEN

Hablar de salud mental materna sin culpa

Tiempo de lectura: 4 min.

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de salud materna, la atención se centraba casi exclusivamente en el cuerpo: el embarazo, el parto y la recuperación física. Sin embargo, poco se hablaba de lo que pasaba en la mente y en las emociones de las madres. Hoy sabemos que la experiencia de la maternidad no es solo biológica, sino también psicológica y social, y que todos estos factores influyen en el bienestar de la mujer y en el desarrollo de su bebé (Hoyos Barbosa, 2023).

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental Materna, vale la pena recordar algo que muchas veces se olvida: cuidar a un bebé también implica cuidar a quien lo cría.

La salud mental también es parte de la maternidad

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado de bienestar en el que una persona reconoce sus capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de manera productiva y contribuir a su comunidad (Steen y Amorim, 2014). Este concepto también aplica durante el embarazo, el parto y el posparto.

En estas etapas, las mujeres tienen mayor vulnerabilidad a experimentar ansiedad, estrés o depresión. Estos cambios no solo tienen que ver con las transformaciones hormonales, sino también con factores emocionales, sociales y familiares que acompañan la llegada de un bebé (Steen y Amorim, 2014).

A pesar de ello, todavía existe un fuerte estigma en torno a la salud mental materna. Muchas madres sienten que deben mostrarse felices todo el tiempo o que expresar cansancio, tristeza o miedo las convierte en “malas madres”. Este silencio puede hacer que muchas atraviesen momentos difíciles sin pedir ayuda (Hoyos Barbosa, 2023).

Entender la maternidad desde una mirada integral

Hoy se promueve una visión más amplia de la salud materna. Desde un enfoque ecosistémico (inspirado en las ideas de Urie Bronfenbrenner y John Bowlby) se reconoce que el bienestar psicológico de una madre está influido por muchos factores: su historia personal, los vínculos familiares, experiencias de trauma, el apoyo social, el contexto cultural y el vínculo que se construye con el bebé (Hoyos Barbosa, 2023).

Esto significa que la maternidad no ocurre en aislamiento. El entorno, la pareja, la familia y la comunidad también forman parte de la experiencia de cuidado.

Imagen Pareja embarazada mirándose.

Cuando las emociones cambian después del parto

Después del nacimiento del bebé pueden aparecer diferentes estados emocionales. Algunos son temporales, mientras que otros requieren mayor atención.

El baby blues o tristeza puerperal es relativamente común. Puede manifestarse con llanto fácil, sensibilidad emocional o cansancio en los primeros días después del parto. Generalmente es transitorio y mejora con descanso, apoyo y acompañamiento.

La depresión posparto, en cambio, es un trastorno más profundo. Se estima que afecta aproximadamente al 15 % de las madres en el mundo y puede durar meses o incluso años si no se trata (Hoyos Barbosa, 2023). Sus síntomas pueden incluir tristeza persistente, irritabilidad, sentimientos de culpa, dificultad para conectar con el bebé o pérdida de interés en actividades cotidianas.

En casos poco frecuentes, puede presentarse psicosis posparto, una condición grave que requiere atención médica inmediata.

Hablar de estos temas no busca alarmar, sino normalizar que las emociones también forman parte de la experiencia materna y que pedir ayuda es una forma de cuidado.

Cuidar la mente también cuida el cuerpo

La salud mental y la salud física están profundamente conectadas. El estrés o la ansiedad pueden manifestarse en síntomas como insomnio, tensión muscular o dolores de cabeza. Al mismo tiempo, complicaciones físicas durante el embarazo pueden aumentar el riesgo de dificultades emocionales (Steen y Amorim, 2014).

Por ello, evaluar el bienestar materno no debería limitarse únicamente a detectar depresión posparto. Herramientas de autoobservación, como escalas de bienestar emocional, pueden ayudar a las madres a identificar cómo se sienten y cuándo es necesario buscar apoyo profesional (Steen y Amorim, 2014).

Imagen Madre sin poder dormir, cuidando de su hija enferma.

Redes que sostienen

Las intervenciones psicológicas durante el embarazo y el posparto, el acceso a telemedicina, el acompañamiento emocional, el descanso adecuado y la comunicación abierta con la pareja o la familia pueden marcar una gran diferencia en el bienestar de una madre (Parasi, 2020).

En otras palabras, la maternidad no debería vivirse en soledad. La sociedad, los sistemas de salud, las políticas públicas, las familias y las parejas también tienen un papel en la construcción de entornos más saludables para las madres y sus bebés.

Reflexión final

Cuando cuidas la salud emocional de una madre, también estás cuidando el desarrollo físico, emocional y psicológico de su hijo o hija (Steen y Amorim, 2014). Por eso, en lugar de esperar que las madres puedan con todo, quizá la pregunta más importante sea otra:

¿Quién está cuidando a quien cuida?

Recuérdalo y contribuye a construir una maternidad más acompañada, más humana y libre de culpa con ayuda de nuestros orientadores en crianza:


Este artículo se hizo con información de:

Hoyos Barbosa, C. (2023). Salud mental materna. Memorias. Universidad de Cartagena, 35-37.https://enfermeriapos.unicartagena.edu.co/revistas/MEMORIAS2023.pdf

Parasi, C. (2021). Una Revisión de la Salud Mental Materna en Tiempos de Covid-19. Revista Psicológica Herediana, 13(2), 56–61. https://doi.org/10.20453/rph.v13i2.3903

Steen, M., y Francisco, A. A. (2019). Salud mental y bienestar materno. Revista Brasileira de Enfermagem, 72(4), e20190049. https://doi.org/10.1590/1982-0194201900049

*El contenido de este artículo se redacta sólo con fines informativos. No puede servir como diagnóstico, tratamiento o recomendación de un profesional. Consulta con tu especialista ante cualquier duda.

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