TU YO DEL FUTURO TE LO AGRADECERÁ

La clave está en cómo te alimentas hoy, tú tienes el poder de elegir cómo quieres sentirte y disfrutar la vida con buena calidad

Tiempo de lectura: 5:30 mins.

Por: Tania Fabela, dietista y nutricionista.

Cada año, el 12 de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud, un momento para reconocer el potencial, la energía y las aspiraciones de millones de jóvenes en todo el mundo. También es una oportunidad perfecta para detenernos a pensar en algo esencial, pero que muchas veces pasamos por alto: ¿estás cuidando tu salud para que tu yo del futuro viva con plenitud?

Durante la juventud es fácil pensar que la salud es automática. Tu cuerpo es fuerte, puedes trasnochar sin problemas, comer cualquier cosa y levantarte al día siguiente como si nada. Sin embargo, lo que pocas veces nos dicen es que los hábitos que construimos en esta etapa determinarán cómo nos sentiremos más adelante. La ciencia lo confirma: muchas enfermedades no aparecen de un día para otro, sino que se gestan lentamente a través de nuestras elecciones diarias (World Health Organization, 2021).

Lo que comes hoy tiene consecuencias mañana

La alimentación influye directamente en tu energía, concentración, estado de ánimo y, por supuesto, en tu salud a largo plazo. Varios estudios han demostrado que las y los jóvenes que consumen una dieta rica en alimentos ultra procesados, con azúcares añadidos, grasas saturadas y pocas frutas y verduras, no sólo están más cansadas/os, sino que tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades metabólicas, problemas digestivos, ansiedad y bajo rendimiento académico (Jacka et al., 2010).

Por el contrario, adoptar una alimentación variada y rica en nutrimentos puede mejorar tu salud presente y protegerte para el futuro. Comer bien no significa renunciar a lo que te gusta, significa aprender a hacer mejores elecciones.

Alimentación consciente: más que una dieta, un estilo de vida

Olvídate de las dietas extremas o de las soluciones rápidas que prometen “resultados en una semana”. La clave es construir una relación sana con la comida. Comer saludable no es sinónimo de aburrido o restrictivo. Al contrario: es descubrir sabores, texturas, aprender a escuchar a tu cuerpo y disfrutar de la comida de forma consciente.

Comer de manera consciente implica dejar de lado la mentalidad de “prohibido” y empezar a preguntarte: ¿esto me nutre?, ¿me hace sentir bien? Es aprender que una hamburguesa ocasional no arruina tu progreso, pero que tu alimentación del día a día sí tiene un peso enorme en tu bienestar.

Imagen

Energía real para una vida activa

Tu cuerpo necesita energía para todo lo que haces: estudiar, trabajar, hacer ejercicio, divertirte, crear. La fuente de esa energía importa. La evidencia científica muestra que un desayuno adecuado puede mejorar la concentración y la memoria, mientras que saltarse comidas está relacionado con fatiga, irritabilidad y menor rendimiento cognitivo (Adolphus et al., 2016).

Aquí algunos consejos básicos para cuidar tu alimentación sin complicarte:

  • No te saltes comidas, sobre todo el desayuno. El ayuno no es para todas/os. 
  • Incluye siempre alguna fuente de proteína: huevo, pollo, pescado, legumbres como frijoles, garbanzos, tofu o queso.
  • Aumenta el consumo de frutas y verduras. Piensa en colores, ¡cuantos más colores mejor!
  • Prefiere cereales integrales: avena, arroz integral, pan de centeno, integral o linaza.
  • Reduce los azúcares añadidos y los ultra procesados. No es eliminarlos, es limitar su frecuencia y cada día los necesitarás en menor cantidad.
  • Lleva contigo opciones prácticas y saludables: nueces, fruta y/o verdura picada, barritas integrales.
  • Bebe agua como bebida principal y evita refrescos y bebidas azucaradas y energizantes que te alteran y no aportan nutrimentos.

Pequeños cambios como estos, repetidos día tras día, hacen una enorme diferencia.

Movimiento y Descanso: Pilares Olvidados

Tan importante como la alimentación es mantenerte en movimiento. No necesitas entrenar como atleta, pero sí moverte cada día. Caminar, bailar, andar en bici, jugar algún deporte, hacer yoga… la actividad física mejora tu metabolismo, tu salud mental y fortalece músculos y huesos (Poitras et al., 2016).

Y no olvides el descanso. Dormir bien no es un lujo, es una necesidad. Durante el sueño tu cuerpo se repara, tu mente se organiza, y tu metabolismo se regula. Dormir menos de 7-8 horas por noche de manera crónica aumenta el riesgo de sobrepeso, diabetes y problemas de salud mental (Wheaton et al., 2016).

Imagen

Construir Hábitos Que Perduren

Cambiar tu alimentación no es cuestión de un mes o de llegar al “peso ideal”. Es un proceso, un aprendizaje constante. Sentirse pleno con energía y sobre todo física y mentalmente estables. La clave está en la constancia, no en la perfección. Puedes empezar poco a poco:

  • Planifica tus comidas semanales.
  • Cocina en casa más veces por semana.
  • Aumenta el consumo de agua y reduce bebidas azucaradas.
  • Organiza tus compras para evitar caer en opciones rápidas y poco nutritivas.

Recuerda una alimentación saludable es aquella que sea: 

ADECUADA Debe ser apropiada a la cultura, costumbres, preferencias y situación económica de la persona. Una dieta adecuada es sostenible en el tiempo, no genera rechazo, ni incomodidad.

SUFICIENTE Debe cubrir las necesidades energéticas y nutricionales de cada persona según su edad, género, actividad física, situación bilógica y condiciones de salud.

EQUILIBRADA Los nutrimentos deben estar en proporciones adecuadas. No se trata sólo de comer de todo, sino de equilibrar los macronutrientes (proteínas, grasas, hidratos de carbono) y micronutrientes. Asegurar un aporte suficiente de fibra, vitaminas y minerales.

COMPLETA Que incluya todos los grupos de alimentos que el cuerpo necesita: proteínas (carnes, huevos, leguminosas), hidratos de carbono (cereales, frutas, verduras), grasas saludables (aceites vegetales, nueces, semillas), vitaminas y minerales. Es decir, no se eliminan grupos esenciales.

VARIADA Dentro de cada grupo de alimentos, es ideal consumir diferentes opciones para asegurar la obtención de todos los nutrimentos y evitar monotonía. Comer distintas frutas, verduras, tipos de proteínas y cereales.

INOCUA Debe estar libre de contaminantes biológicos, químicos o físicos. Es decir, alimentos limpios, bien cocinados y manipulados con higiene para evitar enfermedades transmitidas por alimentos, y que no haga daño.

SOSTENIBLE Una dieta saludable no sólo cuida la salud de la persona, sino también la del planeta. Promueve el consumo responsable, local, de temporada, con menos desperdicio y menos alimentos ultra procesados. 

Imagen

No es sólo por hoy, es por tu vida

Tu yo del futuro, es ese adulto que quieres ser, te agradecerá cada decisión que tomes ahora por haber construido fuerza, resistencia, salud metabólica y bienestar emocional. La alimentación saludable no es un sacrificio: es una inversión en la mejor versión de ti.

Aprender a cuidar tu cuerpo es un acto de amor propio, un compromiso contigo misma/o para sentirte mejor cada día y prevenir problemas que hoy quizás ni imaginas.

La juventud no es una excusa para descuidarte. Es el momento más importante para formar los cimientos de una salud sólida y duradera.

Empieza poco a poco, sin culpa, con curiosidad, con ganas de conocerte mejor. Y recuerda: la mejor versión de ti se construye con los hábitos de hoy.

Tu yo del futuro te lo agradecerá.

¿Te interesa mejorar tu alimentación de la mano de una experta? Conoce a Tania Fabela, nuestra nutrióloga y autora de este artículo. Entra a su perfil y agenda tu cita hoy:


Este artículo se hizo con información de:

Gidding, S. S., Dennison, B. A., Birch, L. L., Daniels, S. R., Gillman, M. W., Lichtenstein, A. H., Rattay, K. T., Steinberger, J., Stettler, N., Van Horn, L., American Heart Association, y American Academy of Pediatrics (2005). Dietary recommendations for children and adolescents: a guide for practitioners: consensus statement from the American Heart Association. Circulation, 112(13), 2061–2075. https://doi.org/10.1161/CIRCULATIONAHA.105.169251

Gardner, B., Lally, P., y Wardle, J. (2012). Making health habitual: the psychology of ‘habit-formation’ and general practice. The British journal of general practice : the journal of the Royal College of General Practitioners, 62(605), 664–666. https://doi.org/10.3399/bjgp12X659466

Kendler, K. S., Gardner, C., y Dick, D. M. (2011). Predicting alcohol consumption in adolescence from alcohol-specific and general externalizing genetic risk factors, key environmental exposures and their interaction. Psychological Medicine, 41(7), 1507–1516. https://doi.org/10.1017/S003329171000190X

Mann, T., Tomiyama, A. J., Westling, E., Lew, A. M., Samuels, B., y Chatman, J. (2007). Medicare’s search for effective obesity treatments: diets are not the answer. The American psychologist, 62(3), 220–233. https://doi.org/10.1037/0003-066X.62.3.220

Mekary, R. A., Giovannucci, E., Cahill, L., Willett, W. C., van Dam, R. M., y Hu, F. B. (2013). Eating patterns and type 2 diabetes risk in older women: breakfast consumption and eating frequency. The American journal of clinical nutrition, 98(2), 436–443. https://doi.org/10.3945/ajcn.112.057521

Monteiro, C. A., Cannon, G., Levy, R. B., Moubarac, J. C., Louzada, M. L., Rauber, F., Khandpur, N., Cediel, G., Neri, D., Martinez-Steele, E., Baraldi, L. G., & Jaime, P. C. (2019). Ultra-processed foods: what they are and how to identify them. Public health nutrition, 22(5), 936–941. https://doi.org/10.1017/S1368980018003762

O’Neil, A., Quirk, S. E., Housden, S., Brennan, S. L., Williams, L. J., Pasco, J. A., Berk, M., & Jacka, F. N. (2014). Relationship between diet and mental health in children and adolescents: a systematic review. American journal of public health, 104(10), e31–e42. https://doi.org/10.2105/AJPH.2014.302110

Opie, R. S., O’Neil, A., Itsiopoulos, C., y Jacka, F. N. (2015). The impact of whole-of-diet interventions on depression and anxiety: a systematic review of randomised controlled trials. Public health nutrition, 18(11), 2074–2093. https://doi.org/10.1017/S1368980014002614

Spiegel, K. (2008). Sleep loss as a risk factor for obesity and diabetes. International Journal of Pediatric Obesity, 3(sup2), 27–28. https://doi.org/10.1080/17477160802404681

World Health Organization. (2015). Guideline: Sugars intake for adults and children. https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/149782/9789241549028_eng.pdf

World Health Organization. (2022). Noncommunicable Diseases Progress Monitor 2022. https://www.who.int/publications/i/item/9789240047761

World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. https://www.who.int/publications/i/item/9789240015128

*El contenido de este artículo se redacta sólo con fines informativos. No puede servir como diagnóstico, tratamiento o recomendación de un profesional. Consulta con tu especialista ante cualquier duda.

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp

Por favor, rellene los campos obligatorios*

Iniciar sesión

Regístrate