Entendiendo la conducta y sus causas
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En los países hispanohablantes aún existe información insuficiente sobre la conducta de autolesión, lo cual representa un problema importante. De acuerdo con la Dra. en Psicología Dora Santos Bernard (2016), tan solo en México se estima que aproximadamente el 10% de las y los adolescentes se autolesionan.
En otro estudio realizado en la Ciudad de México, en el que participaron 10,578 adolescentes, se encontró que el 17.4% de los hombres y el 15% de las mujeres reportaron conductas de autolesión. Estas cifras nos muestran que se trata de una problemática frecuente que necesita mayor visibilización y comprensión.

¿Qué son las autolesiones no suicidas?
Santos explica que la autolesión es un acto intencional que daña o destruye el tejido corporal y deja una marca visible durante al menos una hora. Esta conducta suele repetirse, ya que su función principal es aliviar el dolor emocional o disminuir una tensión interna intensa.
Es importante recalcar que no se trata de un intento de suicidio. Aunque puede coexistir con ideación suicida en algunos casos, la autolesión no suicida tiene como finalidad regular emociones, no terminar con la vida.
En países hispanohablantes, las formas más comunes de autolesión son:
- Cortarse (85%)
- Golpearse (32%)
- Quemarse (30%)
- Pincharse o rascarse hasta lastimarse (12%)
- Arrancarse el cabello (7%)
- Morderse (5%)
- Tallarse la piel (3%)
La profesora Ana Daniela Galán Navarro, de la FES Iztacala UNAM (citada por Herrera, 2023), señala que las autolesiones no suicidas deben entenderse como un llamado de auxilio. No son una forma de “llamar la atención”, sino un indicador claro de sufrimiento emocional.

El ciclo de la autolesión
Santos Bernard propone comprender la autolesión como un ciclo. Aunque no todas las personas atraviesan cada etapa con plena conciencia, este esquema ayuda a entender cómo se mantiene la conducta:
1. Emociones dolorosas o insoportables
Surgen ante situaciones o recuerdos que generan emociones intensas como miedo, rabia, tristeza, estrés o desamparo.
2. Tensión fisiológica y emocional
Estas emociones impactan en los pensamientos y el cuerpo: aumento del ritmo cardíaco, presión en el pecho, pensamientos intrusivos o sensación de pérdida de control.
3. Dificultad para manejar o expresar lo que se siente
La persona no sabe cómo comunicar su malestar o cómo regularlo. Puede sentirse desbordada, lo que incrementa la tensión interna.
4. Decisión de autolesionarse
Recuerda que en el pasado esta conducta le generó alivio, por lo que la percibe como una estrategia funcional para “sobrevivir” al momento.
5. Autolesión
De manera consciente elige cómo y dónde lastimarse, generalmente en zonas fáciles de ocultar y procurando que las heridas no sean graves.
6. Alivio momentáneo
Después de autolesionarse, experimenta una disminución de la tensión física y del dolor emocional. Este alivio refuerza la conducta.
7. Culpa y vergüenza
Posteriormente aparecen sentimientos de culpa, vergüenza o frustración por no haber manejado la situación de otra forma. Ante una nueva emoción intensa, el ciclo puede reiniciarse.
Este patrón explica por qué la autolesión puede volverse repetitiva: el alivio inmediato refuerza la conducta, aunque a largo plazo mantenga el problema.
¿Por qué se autolesionan?
La autolesión suele aparecer cuando la persona percibe que no puede manejar su dolor emocional. Según la Dra. Santos, algunas causas relacionadas con esta dificultad son:
Analfabetismo emocional
Una persona emocionalmente alfabetizada puede identificar, nombrar y expresar lo que siente. En cambio, cuando existe analfabetismo emocional, hay dificultades para reconocer las emociones y pedir ayuda.
Disregulación emocional
La autorregulación emocional es la capacidad de modificar la intensidad y duración de las emociones. Cuando esta habilidad es limitada, las emociones se experimentan de manera más intensa y se carece de estrategias eficaces para manejarlas.

Factores que pueden contribuir
Existen distintos escenarios que pueden aumentar la vulnerabilidad a la autolesión:
- Abuso sexual o físico
- Violencia intrafamiliar
- Padres con consumo problemático de alcohol
- Modelos parentales que también se autolesionan
- Enfermedad o muerte de un familiar cercano
- Expectativas excesivamente altas
- Acoso escolar (bullying)
- Miedo o vergüenza relacionados con la pubertad o el desarrollo sexual
Además, algunas personas presentan trastornos mentales en los que la autolesión puede aparecer como síntoma, como el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), Trastornos del Control de Impulsos (TCI), Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), depresión mayor, trastorno bipolar o Trastorno de Estrés Postraumático (TEP).
¿Cómo abordar la autolesión?
La profesora Galán Navarro (Herrera, 2023) recomienda tres acciones fundamentales:
- Explorar qué está causando la autolesión.
Comprender el origen del malestar es clave para intervenir adecuadamente. - Ofrecer un soporte familiar sólido.
La contención, el acompañamiento y la validación emocional pueden marcar una gran diferencia. - Buscar atención psicológica o psiquiátrica.
Un profesional de la salud mental puede ayudar a desarrollar estrategias de regulación emocional y, si es necesario, evaluar el uso de tratamiento farmacológico.
Es fundamental brindar a las y los adolescentes herramientas que les permitan afrontar situaciones dolorosas de forma más adaptativa. La autolesión no es el problema en sí mismo, sino un intento (doloroso y riesgoso) de resolver un sufrimiento más profundo.
En nuestro próximo artículo abordaremos cómo dejar de autolesionarse y cómo pueden intervenir familiares y amistades para acompañar de manera adecuada a quien está atravesando esta situación.
Te invitamos a consultar a nuestros psicoterapeutas para adolescentes:
Este artículo se hizo con información de:
Herrera, P. (2023). Autolesión no suicida: un síntoma de sufrimiento emocional. UNAM Global Revista. https://unamglobal.unam.mx/global_revista/autolesion-no-suicida-un-sintoma-de-sufrimiento-emocional/
Santos Bernard, D. (2016). Autolesión. Qué es y cómo ayudar. Ficticia Editorial.
*El contenido de este artículo se redacta sólo con fines informativos. No puede servir como diagnóstico, tratamiento o recomendación de un profesional. Consulta con tu especialista ante cualquier duda.




